viernes, 13 de mayo de 2016

El juego de los gunas y el deseo ~ Atman Nityananda



El juego de los gunas y el deseo 

Toda la vida es un juego de los tres gunas (sattva-rajas-tamas), los cinco elementos, y la energía cósmica. Estas cualidades son insensibles y les da vida la Consciencia o Espíritu que es auto existente, autoluminosa y indestructible, su fuente y al vez más allá de estas cualidades y la energía. Además la consciencia es libre de dualidades, partes, sufrimiento, cambio, tiempo, forma y causalidad. Su naturaleza es paz y bienaventuranza infinitas y absolutas.

Pero nosotros que en esencia somos esta consciencia  absoluta, debido a las gunas tamas y rajas olvidamos que somos esencialmente consciencia identica con la consciencia universal y nos identificamos con el cuerpo y la mente, Esto tiene como efecto percibir el mundo como real y nosotros separados de la fuente de la vida y el mundo y así sentimos extranjeros en nuestra casa. 

El tamas guna pone un velo en la mente y la impide percibir claramente que somos la consciencia y por eso identificamos con el cuerpo y la mente, y  el rajas guna hace la mente extrovertido, inquieto, lujurioso y apegado. Así nos olvidamos que somos la consciencia y no experimentamos la unidad, la plenitud, la libertad y la dicha que eternamente somos y debido el rajas la mente se vuelve extrovertido y busca los placeres sensoriales, el fama yel poder. 

Por el contacto de la mente con los objetos sensoriales y el placer que experimentamos se crea y aumenta gradualmente la lujuria, el deseo y el egoísmo. El deseo nos impulsa constantemente en acciones para encontrar el placer, la fama, y el poder.  Esto no para nunca ya que por la naturaleza es insaciable y incasable.

Junto con el deseo crecen todas las tendencias egoístas que son solo modificaciones o expansión del deseo mismo. Codicia es por ejemplo desear más y más de lo lo que deseamos. Celos es desear lo que tienen los demás. Ira que es una modificación del deseo (como la leche se convierte en yogur, el deseo se convierte en ira) se manifiesta cuando algo o alguien nos impide realizar nuestro deseo. Todas las ramas (tendencias egoístas) del árbol del ego son modificaciones del deseo.

El círculo vicioso del placer y el sufrimiento

 El placer se convierte en lujuria y egoísmo, la lujuria en deseo, el deseo en apego, el apego en sufrimiento.

Ya que la lujuria y el mecanismo de deseo está establecido en nuestra psique, si piensas o contemplas los objetos sensoriales fácilmente se nace el deseo poseer los y disfrutarlos.

Cuando se manifiesta un deseo, este deseo pone en marcha la mente, el intelecto, los sentidos y el cuepro para realizarse. Junto con el deseo surgen la ansiedad, las preocupaciones, la angustia, la impaciencia, y si algo nos impide realizar el deseo surge también la ira.

Entonces cuando se produce un deseo la mente se  agita, se inquieta e impacienta. Y permanecerá inquieta hasta obtener el objeto deseado. Sólo cuando se obtiene y disfruta el objeto, cuando el deseo ha sido gratificado, la mente tiende hacia el Alma (consciencia). Cesa entonces de funcionar y se llena de pureza, o Sattva (por su arcercamiento con la consciencia). Todos los pensamientos se desvanecen durante apenas un segundo, y la mente descansa entonces en el Alma interna. La dicha del Alma se refleja en el intelecto. Pero el hombre ignorante cree obtener la felicidad del objeto.

En realidad hay solo un mecanismo de deseo que asume diferentes formas por su asociación con distinctos objetos. Con la comida el deseo asume la forma de gula, con ela sexualidad de lascivia, con el dinero de avaricia, con la fama ambición etc.. Esta energía del deseo nos hace sentir incopletos, inquietos, separados, descontentos, vacios y al mismo tiempo nos impulsa buscar algo placentero o lograr algo especial, haciendonos a la vez creer que por esta experiencia placentera o este logro llenaremos el vacío, la inquietud, la falta de plenitud. Pero ya que las experiencias sensoriales y los objetos son vacios no pueden darnos lo qué el deseo nos hace creer, es decir, amor, dicha, plenitud, libertad y paz. Al contrario, debido a que la identificación con la mente y el cuerpo (causados por los gunas y el deseo) la mente se convierte más denso, nublado, boroso, y extrovertido y además debido a que gastamos mucha energía para cumplir los deseos, sentimos más vacios, descontentos y inquietos gradualmente.  Y esto lo vemos en las estrellas de hollygood que tienen tanta fama, dinero y relaciones sexuales y son la gente más miserable en el mundo. Unos de ellos al final entendieron la trampa del satisfacer los deseos sensoriales y entraban en la espiritualidad.

Aunque podemos ver que los deseos y los placeres no nos hacen felices, debido que el deseo es poderosa, insaciable e incansable nunca para a funcionar, y así nos hace sufrir de una y otra manera.  Solo temporalmente está satisfecho y depués un rato de nuevo compulsivamente nos hace sentir incompletos, insatisfechos, vacios y incompletos.

Y este círculo vicioso que empieza por la insatisfación, inquietud, la falta de plentitud y el descontentamiento, continua con la busceda de placer que la acompañian las emociones de angustia, ansiedad, impaciencia, los preocupaciones, termina con las emociones de la ira, el miedo, la decepción, la depresión etc. que casi siémpre acompañian el deseo;  Hay un descanso de la mente solo cuando se obtiene y disfruta el objeto; cuando el deseo ha sido gratificado la mente descansa en el Alma (Consciencia); y después un rato de descanso y satisfación (por el disfrutar el objeto deseado), el círculo empieza de nuevo con la manifestación de  la insatisfación, la inquietud, descontentamiento, la falta de plenitud que nos impulsan buscar el placer. Hay también un descanso cuando dormimos, en el sueño profundo.

Después de la muerte debido al deseo nos reencarnamos en un nuevo cuerpo y el circulo vicioso sigue en cada nueva encarnación.

Esto sucede eternamente hasta que por práctica incesante, regular, diligente y sincera eliminamos el mecanísmo del deseo y realizamos que somos Consciencia pura más allá del cuerpo y la mente.

Paz, Luz y Amor